Hoy quince de Mayo hace justo seis años, exactamente seis años, que conseguí mi primer trabajo como programador. Tenía treinta años.

Mi formación académica era de Técnico Superior en Sonido. Y me iba bien, la verdad. Durante once años, tanto en Madrid como en Mallorca trabajé en muchos ámbitos dentro del campo del sonido. He sido microfonista en varias series de prime time, técnico de sonido en algunas más (lo que en este artículo llaman Supervisor de Sonido). Trabajé en sonido directo para retransmisiones y muchos directos de música. He montado equipos para técnicos a los que admiro y de los que aprendí un montón. Pasé un tiempo, también en series, haciendo post-producción y hasta llegué a trabajar una temporada como técnico de sonido en radio y haciendo un programa. Ah, y como técnido de sonido y editor de video en informativos en una tele local aquí en Mallorca.

Parece, viéndolo ahora, que el cambio ha sido siempre mi única constante.

Era momento para mí de cambiar. La locura de los horarios y el rumbo del audiovisual  en la isla empezaban a cansarme un poco. Yo tenía ya a mi hijo mayor y tenía ganas de cambiar de aire.

Como no podía echar el freno así a las bravas, aproveché el final de la serie en la que estaba trabajando para darme a mí mismo la oportunidad. Tenía seis meses de paro, así que seis meses para conseguirlo. El objetivo era clarísmo, ser programador web.

¿Por qué programación? No soy el chaval que pasó su adolescencia programando. Sí que me había flipado siempre la tecnología y siempre había estado cacharreando con ordenadores. Siendo super pequeño me llevaron un tiempecillo a unas clases donde aprendí a copiar algunas sentencias en BASIC y jamás volví a tocar nada de eso. Es muy curioso porque yo ni recordaba aquello. Me acordé cuando ya llevaba tiempo trabajando de programador.

Mucha gente me comentaba que era una locura, que seis meses es muy poco … bla, bla,bla, bla. Es decir, sí, es muy poco y es una locura, pero se puede hacer.

Fueron seis meses de locura, efectivamente. Me apunté a un curso del paro que duraba nueve meses sabiendo que, ni lo iba a poder acabar, ni me bastaría para conseguir lo que quería hacer. Así que no me quedó otra que trabajar doble por mi cuenta. Las clases eran por la tarde, así que pasaba las mañanas estudiando material extra por mi cuenta para avanzar rápido y la mitad de las clases, cuando era tiempo de hacer ejercicios, las pasaba preguntando dudas de todo lo que había avanzado por las mañanas. PHP, HTML, CSS y un poco de JS. Todas las santas mañanas hasta comer y marcharme a clase. Después salía de clase y como estaba demasiado cansado para estudiar o programar por la noche, me veía conferencias, clases online y lo que fuese hasta las tantas … todo lo que cayera en mis manos para poder absorver todo lo posible.

Mientras, me dediqué a hacer una par de encargos de webs a conocidos para poder practicar con algún proyecto real y tener algo que mostrar.

Y salió bien. No lo podría haber hecho sin unos profesores que se prestaron increíblemente a ayudarme ni sin mi mujer que tuvo conmigo una paciencia infinita. Salió bien pero podría haber salido mal fácilmente. Conseguí mi primer trabajo cuando me quedaba dos semanas de paro y, con toda sinceridad, empezaba a estar cagado de miedo.

Así como yo lo hice no es la manera pero fue mi manera. No le recomiendaría jamas a nadie que replicase algo así pero yo hice todo lo que pude con lo que tenía. Metí en ello todos mis recursos y todo mi tiempo. Aposté y lo intenté hasta el final, con todas las consecuencias pero claro … también con todo el foco y todas las energías. Pagué el precio en estrés, en preocupación, en tener que ponerme a estudiar de nuevo, en tiempo … pero vamos si mereció la pena.

No es ninguna heroicidad, pero no creo en las grande épicas. Creo mucho más en las pequeñas historias de superación de la gente normal en el día a día. Yo soy fan de la gente que se esfuerza siempre por dar un paso más.

Ahora ya no me dedico a programar pero esto fue el inicio de un camino que me llevó a donde estoy ahora como Scrum Master. Entre otras cosas porque descubrí que aunque cambiase de profesión radicalemente, nunca debía dejar de formarme y así lo he seguido haciendo hasta ahora. Sigo adpatándome como hice desde mi primer trabajo en sonido.

Y aquí es a donde quiero llegar en realidad. Cambiar es complicado, es un proceso que nunca termina, pero te hace mejor. La evolución no tiene un final, es mejora continua. Yo espero no terminarme nunca, la verdad. Así que brindo por muchos más años de seguir viviendo cambios.

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