Es una expresión que yo mismo uso pero creo que “transformación ágil” no es la mejor manera de llamarlo.

Quizá sí cuando este proceso se empieza en una empresa que es la máxima expresión de los procesos en cascada parece más evidente ver lo que estamos transformado peor en cualquier caso … ¿y después? ¿Cuando termina la transformación?

Nuestro caso por ejemplo no es así, pero de todas maneras, este es un camino que no busca llegar a un destino sino un proceso continuo.

Por eso lo de “transformación”, aunque yo lo uso, es un término que creo que da la sensación de que hay momento en el que se competa y listo: ya somos ágiles.

Soy más partidario de ir poniendo objetivos a los hitos que se quieren lograr e ir planificando etapas para lograrlos. Aplicarse para ese proceso el mismo modelo que usamos en las propias metodologías ágiles.

Se trata de procesos de adaptación continua. La agilidad debería ser una manera de hacer las cosas, un estilo de trabajo y no un estado a perseguir. Siempre tendremos que ser vigilantes en la mejora, el peligro de no caer en burocracias o jerarquías que nos roben capacidad organizativa, productiva ni de reacción… Debemos trabajar en ser siempre ágiles, pensar desde la agilidad.

Tenemos que estar mentalizados para que la agilidad no sea nuestra meta sino nuestro ADN.

Foto: Glenn Carstens-Peters on Unsplash

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