Le ponemos un nombre a todo.

Necesitamos, o eso hemos llegado a creer, ponerle a todo una etiqueta. Todo tiene que tener una palabra que lo describa, que nos permita hacer mención a cualquier cosa en una frase en Whatsapp de forma inequívoca. Todo en el mundo desde la gente hasta las costumbres, pasando por la comida, tiene que estar cuidadosamente etiquetado. Que nada se nos quede fuera de algún molde.

Tenemos una manera de llamar a quienes visten de cierta manera y de clasificar todas las inabarcables formas de arte. Usamos palabras concretas, mejor aún si son anglicismos, para referirnos a todas las formas de comportamiento, a movimientos sociales, a maneras de escribir, a cómo expresamos los sentimientos, a los perfiles profesionales … agotador.

Una amiga dice que nos hemos convertido en una sociedad de entomólogos.

El problema es que una etiqueta es, según la RAE, una calificación estereotipada y simplificadora.

Esto nos ayuda a pensar y comunicarnos, claro, necesitamos los conceptos. Como necesitamos el raciocinio. Pero es que hemos hecho de ambas cosas una regla inmutable y una religión. No admitimos excepciones ni rarezas, cuando el mundo quizá es una maravillosa entropía llena de extrañezas, seres y circunstancias bellamente absurdas y personas que, aunque muchas veces no lo sepan, jamás podrían encajar en un molde.

Y tanto hemos clasificado que hacemos a todos sentir que tienen que ser clasificables.

Y así quien no se lo plantea termina sintiendo la necesidad de seguir un camino, de buscar el cómo que encontraron los demás para lograr su propio qué. No somos copias de otros ni podemos usar sus patrones. Sólo aconsejarnos y tomar muestras para quizá por el camino encontrar alguna pista.

Tenemos miedo al misterio, a lo desconocido, a dar un paso sobre el vacío en un acto de fe. Pero fe en nosotros mismos. Dejar de confiar en que otros tienen nuestras respuestas y dejar de tener miedo a no tener las respuestas de los demás. Nos cuesta y como no queremos esa inseguridad tratamos de que todo se amolde a algo que nos proporcione esa falsa sensación de control.

Nos falta misterio, vacío. Nos sobra verso y nos falta poesía. Hay que buscar menos respuestas a todo y encontrar más preguntas. Amar todo lo que no es clasificable.

Todos nos parecemos en que somos raros.

O quizá sea otra etiqueta y simplemente somos. Pero en ese ser como quiera que somos está todo nuestro poder.

Anuncios