Baraja de cartas y un libro

Por qué dejé de escribir

Reflexiones

Me he preguntado muchas veces por las razones que me llevaron durante tanto tiempo a abandonar el blog.

Para mí escribir era meditar, catarsis, aprendizaje, reflexión y una pequeña ventana abierta a mi mundo. Pero parece que en algún momento me olvidé de eso y me creí lo de que un blog debe ser profesional.

Poco a poco me convencí por dentro de que debía tener un respaldo escrito de mis avances profesionales, ya que no tenía tiempo para reflejarlo en proyectos de código u otras cosas fuera del trabajo. Al fin y al cabo todo el mundo lo dice, ¿no?, que si quieres que te lean tienes que buscar un nicho y centrarte en eso. Y parece que sin darme cuenta me lo creí y le tomé rabia a algo que me salía de dentro. Qué contradicción y qué poco respeto a lo que salía de dentro.

Perdí mi propia voz y escribí muchas entradas que, cuando he leído con el tiempo, he visto que estaban ahí porque pensaba que debían estar y no porque lo sentía. Algunas quizá no por contenido pero sí por forma.

Me dicen muchas veces que escribo con un lenguaje demasiado coloquial, que no es muy propio del lenguaje escrito. Pero es mi manera, es así como me siento cómodo contando historias. Y en el fondo es lo que siento que soy de una manera u otra, un contador de historias. Me gusta verme así, como alguien que de una manera u otra provoca emociones en otros. Me da igual si es escribiendo, con una foto, un juego de magia u algo aún por descubrir.

Durante un tiempo me fui a Instagram porque allí me sentía libre para publicar un poco más lo que me diese la gana y no tenía que rendir cuentas por estar perdiendo el tiempo. Pero continuamente me acuerdo de que esto era mio y solo mio. Este era mi reino, mi mundo, mi imperio y mi lugar de juego; lo quiero recuperar.

Soy Pablo. Trabajo a día de hoy como Scrum Master, pero también soy un poco mago, dibujante de ratos libres, buscador de músicas, fotógrafo móvil por hambre de búsqueda y muchas otras cosas a las que no quiero renunciar por esa obsesión actual de etiquetarlo todo. No quiero, lo digo una vez más, tener que estar encasillado, pero vaya si cuesta hoy en día salir de esos moldes y no ser pateado o motivo de mofa.

Mi trabajo me encanta, pero es una parte de lo que hago. Hago lo que hago por cómo soy, no al revés. Nada de lo que hago me define por sí mismo. Solo conocerme y ver todo lo que soy y lo que hago puede ayudar a entender un poco más mi mundo que, le guste a quien sea o no, es más complejo de lo que muchos querrán aceptar.

Así que ahí voy.

 

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