El bruto y el loco

Relatos

Al bruto de Arozamena no le hacía ninguna gracia invertir sus días transportando criminales pero sabía, por arrogante que fuese, que era poco castigo para sus errores acumulados.

Pasaban las seis cuando los carros crujían a las puertas de la ciudad y la gente retomaba el camino a casa, desmontando los pocos puestos que aún seguían en la calle. Arozamena solía aprovechar esa hora para salir afuera. El caer del sol le recordaba atardeceres más gloriosos en algún campamento. Por eso salió a la calle y se quedó pensativo, con la mirada alta pero perdida, tratando de apretar tan fuerte el recuerdo que no fuese consciente de dónde estaba en realidad.

Se percató de que a su lado en el suelo un hombre agachado, de aspecto extraño, jugaba sólo con unos dados sin compañía alguna ni monedas que ganarle a ningún ingenuo. Le extrañó, pero se limitó a dedicarle una mirada de reojo sólo para cerciorarse de que no era peligroso y al levantar de nuevo la vista le espetó:

–  Aléjate un poco, loco, no me gusta que estés tan cerca de la puerta.

–  No hago daño a nadie, señor – le contestó el loco sin levantar tampoco la mirada de los dados – Sólo paso mis horas jugando con el destino.

Arozamena frunció el ceño y agachó la testa para comprobar que los dados de su interlocutor parecían en blanco.

–  ¿Juegas solo con dados vacíos, loco? Eres más tonto o más perturbado incluso de lo que tu aspecto delata.

–  No dije que juego solo, señor, sino que sólo juego con el destino. Observo cada tirada y contemplo las muchas opciones que el destino me presenta.

Al bruto le sorprendió la insolencia del jugador, pero casi le podía más la curiosidad que la furia y volvió a increpar al hombre que, agachado, parecía seguir con su rutina ignorando al soldado.

–  Los dados son buen entretenimiento y fuente de buenas ganancias, loco, pero no verás en ellos nada que no esté pintado. Si buscas lecturas del destino mejor te iría buscar algún adivino pero ni aun así me lo mientes porque de sobra sabes que son prácticas de malditos.

–  Aún a riesgo de haceros desenvainar, oso deciros que os equivocáis, pues veo mucho más aquí de vuestro destino, mirando estos dados sin levantar la vista del suelo, de lo que vos os estáis está perdiendo ahí adentro por estar aquí charlando con un loco.

 

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