Ayer conduje por primera vez un coche automático.

Me gusta el ejercicio que fuerza el hecho de enfrentarse a un mecanismo de acción desconocido o al menos con variantes. Como además estoy inmerso en la lectura del libro Focus de Daniel Goleman, ando muy pendiente a todo lo que tiene que ver con los mecanismos de la atención.

En este caso, al prestar especial atención, es muy curioso notar la tensión entre los mecanismos ascendentes y descendentes de mi mente. El primero trata de trabajar de manera automática porque mi cerebro sabe que sabe conducir, pero choca con el segundo porque estoy controlando de manera consciente la información que tengo programada. Sé que necesito modificar algunos comportamientos y tengo que hacer un esfuerzo activo por evitar poner el pie en el inexistente embrague después de frenar, echar mano de la palanca de cambios y cosas así.

Aparte de la comodidad de manejar un automático, siempre me resulta positivo ponerme en situaciones que me obligan a recuperar la consciencia, apagar el piloto automático por un rato y poner a funcionar el músculo de la atención consciente.

Trabajar la atención y observar los mecanismos automáticos de la mente son ejercicios muy útiles para varias facetas en la vida. Desde el control del estrés hasta la gestión del tiempo, pasando por muchas otras cosas que comentaré en otras entradas. Y lo mejor es que no sólo se puede hacer meditando sentado en un cojín: hay muchas ocasiones en el día a día. Sólo hay que estar pendiente y elegir el momento.

¿Qué puedes hacer tú hoy diferente que te haga poner más atención cambiando patrones o circunstancias?