Llegué pronto al centro de Madrid. Serían las nueve de la mañana. Siempre es curioso como todo un barrio orientado a las compras y el turismo aún duerme a una hora tan normal. La calle Arenal casi vacía, sólo con unas pocas personas descargando o reponiendo género en algún bar.

Yo llegué pronto para todo un día de actividades por Madrid, pero tenía claro cual era mi primera cita: Disfrutar de Alphonse Mucha en el Palacio de Gaviria. Mientras llegaban las diez había tiempo de tomar un café y disfrutar unos minutos de una baraja jugando entre las manos.

En la puerta del Palacio estaba a eso de las diez y cuarto. Sin colas para entrar, un panorama muy distinto al que me encontré al salir, y con un chico muy amable que previo pago de la entrada me explicó el funcionamiento de la audioguía. Audioguía muy recomendable que da muchas pistas sobre la obra, historia e inspiración de Mucha.

La muestra me sorprendió porque estaba mucho de lo que esperaba encontrar pero también mucho que no esperaba. Y no lo esperaba porque ni lo conocía ni podía imaginarlo.

Cartel de Gismonda de Alphonse Mucha para Sarah Bernhardt

En la exposición podemos empezar con los orígenes de Mucha y aquél famoso cartel de Gismonda que volvió loca a Sarah Bernhardt. Ese cartel marcaría y lanzaría la carrera de Mucha. Y allí podemos ver muchos otros trabajos que el Maestro hizo para la actriz. Imágenes esperadas que son icónicas.

Hamlet, La dama de las camelias, Medee y más.

También, por supuesto muchas de esas bellas mujeres de Mucha en las que yo no veo sólo belleza física. Para mí son de una belleza desafiante. No son pura contemplación sino que miran a los ojos al espectador y le retan. No necesitan esconder su rostro ni su cuerpo pero no son ni mucho menos objeto. Muestran lo más secreto de lo bello. Son el corazón de la naturaleza sin tapujos ni falsedades.

Para Mucha, el cuerpo humano es parte, según lo veo yo, de la misma fuerza que las flores, aguas o aves que también llenan toda su obra.

Así me parece que se refleja también esta cita que encontré en la exposición.

Mucha es Magia natural materializada.

El maravilloso poema del cuerpo humano […] y la música de los trazos y los colores que brotan de las flores, hojas y frutos son los maestros más evidentes de nuestros ojos y nuestro gusto.

Alphonse Mucha - La danza
Estudio de una obra de cuatro piezas sobre cuatro artes.
En este caso, la danza.

Pero no sólo eso.

Mucha llena todo de símbolos y aunque lo había notado, no era consciente de hasta qué punto y ahora entiendo un poco mejor, si es que eso importa, el porqué.

Conocía al Mucha cartelista pero no sabía por ejemplo de su obsesión por llevar el arte a la calle. Por hacer que lo bello esté al alcance del pueblo. Mucha consiguió llenar de arte con su obra las calles de París.

Prefiero ser alguien que cree imágenes para la gente, en lugar de un creador de arte por amor al arte.

Mucha puso belleza y arte en el mundo a través de lo que era originalmente utilitario.

Pero hay otros Alphonse Mucha que yo no conocía. Hay pocos artistas que consigan capturar mi obsesión y Mucha es uno de ellos.

La primera vez que pude ver una obra suya en directo fue en Praga. Una vidriera impresionante en la Catedral de San Vito. Me hechizó. No podía apartar la mirada buscando colores, detalles, miradas, símbolos, perspectiva. Y hay algo que me pregunté al verlo: cuantos autores de cómic habrán bebido el agua de la fuente de Mucha.

En el Palacio de Gaviria me encontré con los cartones preparatorios de esa vidriera.

Carteles Catedral de San Vito

Y me encontré con otras partes que, al menos para mí, no eran tan evidentes del alma de Mucha.

Encontré al Mucha preocupado por un pueblo, el suyo, que le duele y ese dolor que le lleva a crear la Epopeya Eslava durante diecisiete años de su vida. Una obra de un Mucha ya mayor donde aparecen imágenes muy diferentes. Sin esa mujeres que siempre le han marcado y con simbolismos e intenciones muy diferentes.

Encontré al Mucha que recurre a los símbolos de forma quizá más evidente como en la Rueda del Horóscopo que crea para un calendario de la época. De la que, por cierto, junto con el catálogo de la exposición no puede evitar comprar una pequeña réplica en postal para poner en mi biblioteca mágica.

Y también al Mucha que domina otras técnicas y refleja motivos que nunca habría imaginado como en La entrega de las llaves de Granada.

O al Alphonse Mucha como un importante masón que crea además para las logias diplomas, medallas, joyas …
Diploma masón creado por Alphonse MuchaY una vez que se descubre todo esto. Su pasión por los símbolos, su mística, su pasión por lo oculto y el misticismo se percibe de otra manera la aparente contradicción entre obras espirituales tan coloridas como las de la catedral y otras oscuras e inquietantes como su representación en cinco piezas del Padre Nuestro.

Y no nos dejes caer en la tención
Y no nos dejes caer en la tentación
Danos hoy nuestro pan de cada día
Danos hoy nuestro pan de cada día

En la exposición hay muchas otras cosa como autoretratos, fotográfías, libros, piezas de joyería, envases de jabones y más. Pero este es mi Mucha, el que no se me había mostrado evidente.

Con Mucha me pasa como con el Jazz y otras cosas que consiguen entrarme un poco en el alma, que no soy ningún experto en la materia pero podría hablar durante horas sobre símbolos, matices, sentimientos y puertas a la imaginación.

Alphonse Mucha es Art-Nouveau, por supuesto, pero en mi imaginario, Mucha es también Renacimiento actualizado. Yo veo en su obra un hilo directo a otro tiempo a otras visiones. Parece ser heredero directo de una forma de entender el mundo, la belleza, la naturaleza y el alma que parten de siglos atrás. Mucha consigue sentirlo y volver a hacerlo visible y posible en el momento que le tocó vivir. Y eso es algo que me encanta.